Ni excesivamente indie ni demasiado comercial, ni mucho pop ni tanto rock, ni tan nostálgico ni tan actual... sino todo lo contrario. Un puñado de canciones para hacer tu verano un poquito más feliz (incluso con tanta nube impertinente) Buen año para todos.
Hacer listas de fin de año es un clásico. Claro que para que este ejercicio tenga cierta validez es necesario dominar con amplitud el campo sobre el cual se evaluará lo mejor o peor de los últimos doce meses (música, cine, literatura, fútbol o pornografía) Qué diablos, aquí una breve y antojadiza selección de un 2009 que, en lo personal, despido más con un “lárgate de una vez” que con un “fue un placer”. Coincidan o renieguen…
Mejor película: Enemigos Públicos (Michael Mann)
¿Cine comercial que asegure la taquilla o cine de autor que defienda una estética? A esa eterna interrogante Mann responde con un ¿y por qué no ambos? Aprovechando la textura, por muchos repudiada, que brinda el uso de una cámara digital, el director reinventa el cine de gansters con una historia clásica: el asenso y caída de John Dillinger, una suerte de Robin Hood de los años treinta. Buenas interpretaciones, logradas escenas de acción y un tipo dispuesto a morir antes que transar con su forma vida. ¿Algo más? Sí, Marion Cotillard… perfecta.
Mejor canción: Wheels (Foo Fighters)
O cómo alcanzar la madurez musical sin que ésta sea sinónimo de aburrimiento. Una de las dos nuevas canciones que Grohl y compañía grabaron para su disco de grandes éxitos, Wheels suena a rock and roll clásico en tiempos en que el término es casi una broma de sí mismo. Como para despejar toda duda: mitos aparte, los Foo hace rato superaron lo hecho por esa otra banda en la que el buen Dave era baterista. When the wheels come down…When the wheels touch ground…
Polvo de estrella: Michael Jackson, This is it
Como es usual en este ingrato mundo, tuvo que morir Jacko para que, oh sorpresa, se redescubra que –polémicas aparte- era un artista descomunal. En ese aspecto, la ¿película? ¿Documental? de Ortega demuestra –sin ningún intento de trascendencia- que, sin importar cuan delgado, pálido y ausente de la realidad estuviese Michael, le bastaban tres minutos y un par de giros para dejar tirando cintura a cualquier artista pop actual. Un genio cuya redención debió llegar un poco antes.
Tv que no es basura: El inefable House
Aunque la serie empezó hace cinco años recién este 2009 tuve el placer maratónico de conocer al hijo de puta más entrañable de la tv. Un doctor que, cuando no hace las labores de detective noir a la caza de enfermedades imposibles, nos muestra con crudeza que, después de todo, la civilización es solo un maquillaje hipócrita que oculta perversiones primitivas y, ocasionalmente, algo de bondad. Adictivo, como el vicodin.
Nada en su interior un flujo, un reactor presagiaban los espasmos de su voz primero una inyección en dosis de pudor luego sus brazos describiendo un ascensor
¿quién le dijo que la luz seguía en ambar? ¿quién le dió un empujón?
descalza y a color dejó atrás primaveras veranos naranja y una noche buena máquina fatal sexo occidental un artefacto para ganar velocidad
¿quién le dijo que la luz seguía en ambar? ¿quién vició su corazon?
dulce Sofía no cree en para siempres de aerosol dulce Sofía ve morir la tarde mientras Bob cree poder estimularla rasgando like a rolling stone Sofía quema sus pestañas con fotos polariod
nada en su interior un flujo, un reactor presagiaban el abrupto de un error máquina fatal, sexo vertical un artefacto para ganar velocidad
¿quién le dijo que la luz seguía en ambar? ¿quién puso ácido en el ron?
dulce Sofía no cree en para siempres de aerosol dulce Sofía ve morir la tarde junto a Bob dulce Sofía duerme en parques para no pedir perdón dulce Sofía consigue muestras gratis de dolor
Golpes de batería. Gritos de guerra y guitarras afiladas reventando los parlantes. Rock con testosterona, con huevos, con actitud. Sin humildad y sin conseciones: El rock como una maquinaria implacable para conquistar el mundo.
Las viejas bestias rugen con nuevos riffs. Al regreso de Metallica y AC/DC se suma Kiss con Sonic Boom, una producción que, al igual que las nuevas placas de sus colegas, apuesta por el camino del old school.
Y si en Metallica el retorno pasa por la rapidez y en AC/DC por la contundencia, lo de la banda liderada por Paul Stanley y Gene Simmons es una vuelta al espíritu lúdico y sobre todo grandilocuente de sus mejores trabajos: canciones que venden diversión, canciones para ser cantadas no en la introspección de tu cuarto sino en la inmensidad de un estadio junto a otros miles rendidos a la parafernalia de los caras pintadas, a su rock de bisutería (porque, tal como cuenta la leyenda, mientras todas las bandas aspiraban a ser como los Beatles, Kiss siempre quiso ser como la Coca Cola)
Ahi están los coros pegadizos sobre una base de hard rock. Ahí los gritos de Stanley (con más de cincuenta años a cuestas, su voz sigue alcanzado notas heróicas) y el estilo punk al cantar de Simmons. Ahí los himnos al sexo, al rock and roll, las borracheras y los amigos. Kiss nunca quiso arreglar el mundo. Quería comérselo entero. Con Sonic Boom lo vuelve a lograr durante el tiempo que duran las once nuevas canciones.
Sobra decir que si nunca comulgaste con la banda sigue tu camino, hermanito, y no te hagas bolas. Si eres parte de la Kiss Army no saldrás decepcionado. Si es tu primera vez ante la lengua y el maquillaje... lame y disfruta. Ideal para escuchar con audífonos, a todo volumen y olvidarse de lo jodido que suele ser el mundo sin pirotecnia.
Si algo puede definir a Daniel F es una constante huída de las definiciones ajenas y de toda etiqueta que no sea la de la propia convicción, incluso cuando ésta resulta asesina del mito creado en torno a su extensa carrera. Es así que, cuando muchos proclamaban a Leusemia como estandarte del punk rebelde y contestatario, giró el sonido de la banda hacia terrenos más complejos a la vez que oficializaba su carrera como solista con discos de música triste y letras sacadas de un mundo propio y enigmático que, sin embargo, miles de seguidores siguen sintiendo como propio. Y aunque he apreciado varias veces la entrega, el talento y el magnetismo con el público que entabla el F desde un escenario -ya sea liderando a Leusemia o en la intimidad de una guitarra acústica como toda compañía- la imagen que más recuerdo es aquella de Daniel -el rebelde, el ícono, el poeta- sentado en un parque miraflorino al lado de su novia, tomados de la mano y con un gesto de ténue tranquilidad en la mirada. Imagen que corresponde con la sensación de cuentas saldadas que dejan las palabras que, con sencilla franqueza, tuvo a bien en compartir conmigo a través de un par de correos electrónicos. Sobre música y sobre la vida que al fin y al cabo son la misma cosa, con ustedes el señor Daniel Valdivia.
Mucha gente se sorprende al saber que, aparte del punk o el rock progresivo, muchos de tus ídolos son artistas como Bruce Springsteen, Rod Stewart y hasta los Bee Gees ¿de qué manera crees que ellos han influido en tu música o en tu manera de hacer música? Lo ke te influencia es la belleza, es la emoción. Te empuja a imitar a akellos ke han logrado emocionarte alguna vez. La belleza no tiene etiketa. Es bello y punto. Nos gusta y se acabó. Para algunos un cactus puede resultar desagradable; pero para otros puede ser una belleza botánica insuperable.
Y hablando de artistas que admiras y la influencia que ejercen sobre tu música siempre mencionas a cantautores como Serrat, Ubiergo y Silvio Rodriguez...En todo momento. Desde siempre la canción urbana, el canto de la intimidad, estuvo presente. Es imposible ke no esté caminando en mi vida, puesto ke siempre estuve de la mano de ese tipo de alteraciones. Mi drama no era el cómo cantar ese tipo de expresiones, sinó el cómo combinar todos esos colores y ke no se sienta fuera del bacín. Era poner a Ubiergo o a Salvatore Adamo, con un fondo de Back Sabbath.
Aunque muchas veces lo has negado no hay duda que tu carrera en general es icónica dentro de la histora del rock peruano. ¿qué te provoca eso? Por qué no creo que seas indiferente al hecho de que, sin duda, tu música no es pasajera. La verdad: solo me provoca agradecimiento. Porke es muy gentil de parte de la gente ke piensen ke lo ke yo hago "no es pasajero".
Precisamente esa trascendencia te da cierta autoridad para opinar sobre el rock peruano en donde muchos creen que lo auténtico está ligado a lo underground mientras que todo lo que ya goza de cierto reconocimiento es vendido. Tú mismo fuiste víctima de la intransigencia de algunos que vieron en tu repentina aparición en medios de comunicación y ese re descubrimiento que se hizo de tu música como una traición ¿Qué opinión te merece este razonamiento? Eso ya no existe. Antes era casi una religión condenar a kienes hacían uso de los medios masivos o de los patrocinadores comerciales. Pero ahora ya no. Es una raza ke se extinguió y la prueba está en –justamente- las herramientas de comunicación del ciberspacio: los foros, las webs elaboradas por fans, los sitios de Fanáticos, los Blogs… etc, etc… donde los chicos, en lugar de “ocultar” a su artista favorito, lo muestra! e intenta ke sea escuchado en todas partes del mundo. Ya no son los años donde el fan se molestaba si su artista favorito participaba de algún evento internacional o ganaba premios de la Industria. Ahora es al reves: el fan se molesta porke a su artista favorito NO lo han llamado para un evento importante o porke no le han dado un premio de la Industria. El nuevo siglo trajo toda esta nueva manera de pensar y enterró a todos esos minusválidos cerebrales ke creen ke la música debe ser un patrimonio egoísta realizado por cantantes y grupos tocando en precarias condiciones y sin ganar un solo sol por su trabajo. Eso ya fue.
Ahora que tocas el tema de las nuevas herramientas de comunicación que propicia el internet, tu uso del Facebook es casi diario¿Qué te parece la posibilidad de contactar con gente solo con sentarte frente a la computadora? Magnífico! Un sueño! Esta herramienta de enlaces colectivos es una de las mejores cosas ke me ha pasado.
Algo que tiene que ver, también, con la relación que tienes con tus seguidores. Una relación que, en tus conciertos, suele ser directa, un diálogo cercano, lleno humor, con amigos de toda la vida. ¿A qué crees que se debe esta empatía que sueles tener con la gente? No soy bueno para hablar. Por eso no voy a la tele o a la radio. No tengo ese talento de hablar bien kon el público. Si hay esa empatía, es más por el mismo público ke me brinda su complicidad, ke por alguna pericia en mi labia.
Quizá no hay, como afirmas, pericia en tu labia pero tu lírica sin duda es sobresaliente, tanto así que músicos en teoría disímiles a tu estilo como Gianmarco han tenido palabras de elogio sobre tus letras ¿tienes algún método de composición o es más bien algo incierto? ¿pules mucho tus canciones o eres más bien de dejarlas salir casi naturalmente? Noo… Hay ke trabajar muy duro. Cada canción tiene ke ser trabajada al máximo. Por eso me demoro tanto… No soy tan bueno komo dicen, peee….
De los discos de Leusemia, ¿con cuál te quedas? ¿A la mierda lo demás y su rock sucio y callejero o Hospicios con la complejidad propia del rock progresivo? ¿Cuál de tu carrera de solista? "Hospicios", ni hablar, pee... Es junto kon "El Zafiro de las Galas", el trabajo kon el cual me siento mucho más trankilo y realizado. Por la conjunción de armonías, melodías, riffs, letras, concepto.... Todo.
Cuando no estas sobre un escenario o componiendo canciones ¿Qué momentos llenan tus días? Primero ke nada: agradezco esos momentos. El poder darte un buen tiempo para conversar kon los amigos, el poder pasar horas frente al Facebook o al MSN… el poder ver películas y poder caminar kon mi novia. Puede sonar tonto o inútil, pero son bendiciones ke no dejo de agradecer.
Te acercas a los cincuenta años con una carrera extensa y un legado indudable. ¿Hay aún pendientes en la vida de Daniel F? Tengo una novia hermosa, 3 gatos ke joden komo la putamadre, una agenda llena hasta el próximo año.... Hermano: ya todos mis sueños personales se cumplieron.
Para terminar... puede ser un poco dificil, pero si tuvieras que elegir una frase tuya, un verso de alguna canción de las tantas que has escrito para ser recordado ¿cuál seria? Uuummm.... "a la mierda lo demás!"
Y aunque yo hubiese elegido de una música eterna locura, lo cierto es que la impresión, tras leer las respuestas del F, es la misma de aquella vez en el parque donde espié su cotidanidad, la misma que me dejaron los incendiarios conciertos de Leusemia y la que sigo obteniendo en la melancolía de sus discos como solista: la de un talento inmenso, quizá contradictorio pero por sobre todo honesto. Tal como el tipo que hay detrás.
Grabado entre marzo y junio del 2009 en estudios Mi Cuartito.
1.- Vieja historia, amantes nuevos (versión 1) 2.- Niña caracol 3.- Vieja historia, amantes nuevos (versión 2) 4.- Postal de ausencia 5.- Mirar atrás 6.- Vals 7.- Siete de marzo 8.- Monterroso 9.- Vodevil 10.- Cine negro 11.- Farewell my love
Ha pasado un década desde que Líbido irrumpiera en la siempre incierta escena del rock nacional. Durante ese tiempo los liderados por Salim Vera (amado y odiado por igual) se ubicaron como la banda con mayor proyección dentro y fuera del país, lenguas de MTV incluídas. Lamentablemente a medida que aumentaba su popularidad y con cada nuevo trabajo perdían el punche de sus primeras canciones en pos de una intelectualidad que dejaba la misma sensación que podría dar el ver a la fea del salón tratando de vestirse como femme fatale.
Por suerte lo que ya era un saludable amago en Lo último que hablé ayer es un completo acierto en Un día nuevo, quinto disco de estudio y el mejor de su carrera.
Líbido deja de lado cualquier intento de grandilocuencia y sale a tocar canciones rápidas, contundentes, sin introducciones pomposas o intentos de líricas profundas con lo cual hasta las baladas -lo peor de su producción antes de esta placa- resultan un acierto; Salim olvida sus pretenciones de ser un Tom Yorke made in Perú y se divierte cantando he descubierto que mi novia es mala secundado por rasgueos estilo rockabilly y una batería machacante. De las catorce canciones solo una pasa los cuatro minutos de duración mientras que la mayoría cuentan su intrascendente y divertida historia en un dos por tres. Pone.
Aburrido de no hacer nada. Iván decide tomar por asalto la casa de playa de un amigo al que solo busca cuando decide tomar por asalto su casa de playa. Lleva al exilio dos rones, gaseosas, café, diez cajetillas de cigarros e incontables bolsas de ajinomen. Aparte de los intrumentos, claro está. Y es que durante esos días en Casa Robada, Iván y Los Radiopostales -nomenclatura bajo la cual pretende ocultar que la mayoría de tonterías que compone y graba son culpa exclusivamente suya- se dedica(n) a registrar canciones sin el menor decoro o respeto por la normas no escritas de todo músico que se precie de serio. Algunos temas fueron hechos en el cuarto de baño para aprovechar la acústica mientras que en otros, si se pega bien la oreja, se puede oir el leve acompañamiento del mar. Trece días después, más gordo y con una barba deplorable, Iván lleva su disco recién parido a las disqueras. Ninguna lo acepta. Es así que decide publicarlo por cuenta propia antes de desaparecer nuevamente. Algunos dicen que regresó a Casa Robada, otros juran que consiguió trabajo. Lo primero es más probable.
No, mentira. grabé todo como siempre en mi cuarto. Pero quédense con la primera historia y descarguen el disco aquí. (y el anterior, por si no lo oyeron, acá)
1.- Recuerdo todo de ella menos su nombre 2.- Premoniciones (version 1) 3.- Balada transitoria 4.- Premoniciones (version 2) 5.- Viajera 6.- Será en el mar 7.- Noche común en un pueblo de puerto 8.- Fuck the bass 9.- Incoherencia a-go-go 10.- Qué haces tú?
Por cierto, aunque algunas canciones tuvieron antes un motivo y dedicación particular, mientras que otras son simple rejunte de palabras sin mensaje alguno, la totalidad del disco está dedicado a Cae, Olguita, Morris, el Chato y Gallito.
Empezar la semana con la noticia de una muerte y el cielo gris no es de lo más auspicador. Pero no tengo ganas de hacer catarsis. Y la melancolía me puede esperar sentada. Calamaro en plan-glam al lado del genial Miguel Abuelo y la dulce Karen antes de irse al carajo entre otras perlas y pepas. Lunes otra vez! Buen día para todos.
A excepción de Paralamas, poco y nada es lo que ha llegado del rock hecho en Brasil por estos lares. Pareciera que para el resto del continente la música brasileña oscilara únicamente entre la genialidad inmortal de Chico Buarque o Caetano Veloso y la verguenza de actos estúpidos como Axe Bahía o esa maldición propiciada por Ftv que son los de discos Bossa n'
Pero el país donde el deporte más importante es el voley (porque el fútbol es religión) ha sido siempre proclive a la existencia de grandes actos de rock en sus distintas vertientes. Desde Os Mutantes -o la versión carioca de The Velvet Underground- y su psicodelia agridulce en los sesenta, hasta la actualidad de Los Hermanos y su combinación de los cánones reciclados del rock del nuevo siglo con la cadencia inconfundible de la zamba. Y en ese basto universo, tan ajeno a nosotros acostumbrados a decir que dios es argentino y se apellida García (puaj!) Legiao Urbana es la banda más grande de la historia. Liderados por Renato Russo, una suerte de Morrisey de Río con la misma poética urbana y sin tanta pose, se dedicaron a hacer himnos memorables para el consciente colectivo de una juventud marginada. Ya fuesen temas de corte social o simples canciones de amor; al ritmo de una guitarra luminosa o con una oscuridad acaso impensada para un país relacionado siempre con la alegría, Legiao Urbana se volvió el grupo más representativo de Brasil desde su fundación a comienzos de los 80 hasta 1996, año en que su líder -considerado hoy uno de los grandes escritores no sólo del rock sino de la música brasileña en su totalidad- muere víctima de SIDA. Como herencia quedaron siete discos de estudio donde la lírica de Russo se pasea por los terrenos del punk, el new wave y el pop, además de un puñado de grabaciones en vivo. De este último grupo se desprende As Quatro Estações Ao Vivo, testimonio sonoro de una jornada épica ante 100.000 personas en el Parque Antártica de la ciudad de San Pablo y acaso el mejor disco de rock en vivo hecho en sudamérica. Para ponerlo a todo volumen y formar parte de una multitud entregada a la visión crítica pero siempre esperanzada de un poeta. Para sentir que ya estamos distantes de todo, que somos tan jóvenes y tenemos todo el tiempo del mundo.
Será só imaginação? Será que nada vai acontecer? Será que é tudo isso em vão? Será que vamos conseguir vencer?
Estátuas e cofres E paredes pintadas Ninguém sabe O que aconteceu...
Algunas razones para escuchar a Red Light Company y hacerla, sin reparos, una de las bandas favoritas en tu corazón.
1.- Un gran portada para su álbum debut: Dos jóvenes descubriendo la efervescencia de sus cuerpos casi adolescentes, indiferentes al baño de luz que se cola por la ventana. La música también entra por los ojos. 2.- Porque sus canciones están llenas de los mejores elementos de las mejores bandas de la década que se nos va. Ahí están la combinación perfecta entre guitarras y teclados de The Killers, los medios tiempos holgazanes pero envolventes de The Strokes, un pizca del dramatismo de Interpol y algunos ecos a las apesadumbradas combinaciones vocales de Arcade Fire 3.- Porque a lo dicho líneas arriba se le suma un anticipo evidente de ese no sé qué que, con el tiempo y el segundo disco, le da a los buenos grupos un sonido propio. 3.- Porque la banda se formó al estilo de la vieja escuela: con un anuncio puesto en un diario por el vocalista Richard Frenneaux al que responden los músicos perfectos para ensamblar las canciones que tenía en mente. 4.- Por fabricar temas que llegan al glorioso punto intermedio entre un rock con actitud pero sin agresiones y un pop amable pero sin cursilerías. La melodía perfecta y la distorsión adecuada.
Candidatos al mejor disco del año y los teloneros perfectos pero improbables al concierto de The Killers en noviembre.
Se dice que le apodaron El Jefe porque era quien se encargaba de pagarle a los integrantes de la banda al término de cada actuación. Desde el comienzo procuró nunca fallarles. Entonces decidieron confiar en él. La música vino por añadidura. Y es que basta hacer una breve retrospectiva de los vídeos de Bruce Springsteen y la E Street Band para darse cuenta que lo suyo ha sido un largo viaje entre amigos. Las caras son las mismas y sobre ellas se han ido acumulando arrugas como testamento de más de treinta años en la carretera. De bares a estadios, desde un Born in the USA al resto del planeta. El jefe ha contado con la misma pandilla a lo largo de su carrera lo cual le ha dado, altibajos aparte, una cohesión que pocos artistas de largo aliento pueden sostener.
Las claves esenciales de su extensa discografía bien pueden resumirse en base al cuento adolescente de un sábado en la noche: La ansiedad previa a la salida y aún frente al espejo (Greetings from Asbury Park, 1973). Los momentos de franco hueveo y cerveza junto a los amigos (Born to run, 1975). La pérdida de toda vergüenza en un baile sin coreografía (Born in the USA, 1984) El recuerdo inalterable de un rostro de mujer (Tunnel of love, 1987). La reflexión embriagada pero lúcida en mitad de la madrugada (Nebraska, 1982), la repentina madurez de un pensamiento conciliador (The Rising, 2002) o la protesta contra el mundo en medio de un callejon vacío (Magic, 2007)
En base a ello, su último disco (Working on a dream, 2009) se puede definir como el regreso a casa con ecos de todo lo aprendido. Teniendo como puntos de partida la muerte de uno de los integrantes de la sempiterna cofradía (el tecladista Danny Federici) y el aire de renovación que significó la victoria de Obama en las recientes elecciones norteamericanas, Sprginsteen y la E Street Band entregan un puñado de canciones que van desde el rock de estadios (My lucky day) a la intimidad del folk (Tomorrow never knows). De los cuentos del viejo oeste (Outlaw Pete) a las breves historias de supermercado (Queen of the supermarket). En suma lo que mejor saben hacer: música sobre la cotidianidad del hombre promedio. Si la placa alcanza o no la grandeza de obras pasadas es secundario frente al hecho de contemplar a una banda de rock que sigue en la brecha iniciada en aquellos días en los que su líder -su amigo, su hermano- con la honestidad del pago justo al final de cada tocada, empezó a escribir una de las historias más importantes de la música contemporánea. Sin que tal trascendencia le quite sencillez y diversión al asunto. A las pruebas me remito.
Desearía que los hechos que voy a narrar a continuación estuviesen confinados al ámbito exclusivo de mi atribulado imaginario. Incluso ahora, cuando la verdad irreprochable de esta habitación claustrofóbica aparece en cualquier ángulo al que apunten mis ojos, quiero creer que, como en los malos cuentos, voy a despertar para decir en voz baja “todo fue un sueño” Solo 33 personas compraron mi primer disco y no es un aproximado, es el número real de ventas que tuvo “Canciones de Mujer” por lo que no tuve defensa alguna cuando el presidente de Mirella Records me despidió sin más liquidación que las 2 967 copias restantes de mi álbum.
Por suerte soy un tipo acostumbrado a los fracasos. Pronto empecé a trabajar en un nuevo puñado de canciones, menos enigmáticas y más agresivas. “Lo que tienes que hacer es buscar una manera de llamar la atención, que se fijen primero en ti y luego en tu música”, las palabras de Mirko Avellaneda –amigo exitoso y solvente que alguna vez compartió miserias en una botella de cerveza- vinieron acompañadas de una buena estrategia para poner mi segundo álbum en boca de todos. Y es que habían pasado ya suficientes años para que el cassette adquiriera la categoría de atractivo objeto nostálgico, tal como había pasado con los discos de vinilo en mi niñez. Muy pronto, la noticia del artista que relanzó el diminuto formato en la cultura popular apareció en todos los medios alternativos del país. Cierto es que poco o nada se hablaba del contenido musical que había dentro de las cintas, pero ya habría tiempo para eso, mientras tanto me ocupé de saborear el momento de gloria que presumía efímero.
Como suele pasar en el Perú con sus ídolos de barro, de pronto era solicitado para opinar acerca de cualquier tema en boga sin importar si mis conocimientos sobre política o deportes fueran casi nulos. Fue en el Show De Bruno donde empezó todo; soberbio pero no sobrio, me sentí con la suficiente autoridad como para dar mi visión del rock sudamericano, donde cada estilo es reflejo de los países donde provienen, ahí tenemos el caso de Argentina, cuyo sonido nunca pasó de ser cánticos de fútbol llevados a una guitarra eléctrica y no al revés; siempre reventándose cohetes a sí mismos, mira el caso de Charly García, de quien celebraban con magnánimos aplausos hasta cuando se tiraba a una piscina desde el noveno piso de un hotel, por cierto, Brunito, sabes que es historia es falsa ¿no?
3 de marzo del año 2000. Ante el asombro de los periodistas que hacían guardia para sacarle alguna declaración sobre sus problemas judiciales, Charly García salta desde una altura de 30 metros hacia la piscina del Hotel Aconcagua en Mendoza. Una cámara de video captura el momento desde exteriores: la delgada figura del músico cae vertiginosamente con los brazos hacia atrás y las piernas extendidas. Para cuando los periodistas lograron entrar al hotel, Charly reposaba sonriente en un vértice de la piscina “y, un poquito de miedo tuve” dijo, mostrándole a sus fanáticos y detractores que él estaba en otro nivel, que Charly era inmortal, viejo.
Con lo que no contaban ni el flaco ni sus managers era con que uno de los botones del hotel, peruano inmigrante como miles en Argentina, narraría en una reunión familiar la verdadera historia. Habían usado a un joven camarero para saltar desde el noveno piso mientras que el ídolo esperaba cómodo en la piscina la llegada de los medios. Así se hizo, Brunito, como verás el rock argentino es mero confeti y pomposidad. Me largué del programa con la misma indiferencia con la que había dado la entrevista. Un periodista argentino que buscaba información para un reportaje conmemorativo sobre la muerte de García dio con mis palabras en alguna página de humor. Su ortodoxa nota mutó entonces a una encendida respuesta a las palabras hirientes con las que un peruano infame osaba molestar el eterno descanso de un ídolo patrio. A los muertos se les respeta, che.
La primera clarinada de alerta sobre el nefasto alcance de mis declaraciones irresponsables fue en el estadio de Alianza Lima. Inicio de temporada. Como muchos, me sentía atraído por la expectativa puesta en el Juanpi Caballero, delantero argentino que tras pasear su fútbol por Europa y México, culminaba su carrera tratando de darle un título al equipo victoriano, inmerso en una nueva etapa de sequía. Marcó dos goles de cabeza. Durante la celebración del segundo se despojó de la camiseta blanquiazul y enseñó a las tribunas una remera blanca donde rezaba “aguante Charly, abajo Barrueto” Los más jóvenes pifiaron y yo empecé a preocuparme. Ya en mi departamento, pude enterarme de la guerrilla que se venía desatando vía internet. Desde ambos lados y usando fanzines, revistas electrónicas y cuanta herramienta digital tuviesen a la mano, músicos y fanáticos de Argentina y Perú se mandaban a la mierda mutuamente dando muestras de un inusual patriotismo para una generación, en general, apática con todo lo que no sea verse el ombligo.
Hasta ese punto el entredicho no pasaba de ser una beligerancia entre adolescentes sin nada mejor en qué ocupar su tiempo. Sin embargo, la mañana del 15 enero todo cambió. La página web del gobierno había sido alterada por anónimos hackers que lograron insertar una caricatura de Charly García cagándose, literalmente, en nuestra bandera, mientras se oía hoy paso el tiempo, demoliendo hoteles. Me atrevería a decir que, si bien el hecho ya se extralimitaba, por sí solo no hubiera generado el conflicto en las dimensiones que hoy conocemos. Faltaba el puntillazo incendiario de un inefable personaje.
Como parte de las concesiones habituales que todo Partido entrante le da a la Oposición para poder gobernar en relativa paz, el Ministerio de Cultura fue puesto en manos de Manuelón Ramírez, un ex Comandante del Ejército cuyos méritos para ocupar el cargo se remitían a dos libritos de poesía que publicó siendo aún joven en su natal Arequipa. Era conocido en la prensa política tanto por su iracundo carácter como por el mito nunca confirmado de que desayunaba caldo de culebra tuerta para mantenerse vigoroso. La vehemencia de sus declaraciones ante el ofensivo caso de la caricatura corroboró su reputación de tigre encerrado.
“Exigimos que las autoridades argentinas pongan todos los medios necesarios para capturar a los facinerosos y ponerlos a disposición de la justicia. Lamento que en ese país la juventud defienda de una manera tan vulgar la memoria de un drogadicto. Mira que si al menos fuese Gardel. Nada, señores, quiero la cabeza de los culpables de inmediato…o habrán consecuencias” Dicen que ni las reprimendas del joven presidente García –hijo- ni el escaso apoyo que recibió de los miembros de su Partido lograron disuadir la eufórica actitud del Comandante.
Una tarde, cinco tipos me invitaron con rudeza a una cita con el Ministro “Aquí está el nuevo valor de la música rocks” dijo extendiéndome una mano inmensa. Me habló de la necesidad histórica de ser, por una vez siquiera, el país agresor, el primero en dar un golpe a la canilla del enemigo. Aunque no era experto en historia, estaba convencido que las derrotas sufridas a lo largo de los siglos eran producto de nuestra pasividad militar. “pero eso va a cambiar, joven artista, el Presidente Kirchner Tercero dijo que no entregarían a los culpables así que empezaremos la represalia. Para esta hora, el embajador argentino ya debería estar saliendo con una patada en el culo de su cuarto y en dos semanas todos los argentinos que se comen nuestra comida, serán expulsados del país” Juntando migas de valor le pregunté tembloroso si ese tipo de decisiones no requerían la aprobación del Presidente, el Congreso y demás. “sepa usted, joven artista, que todo militar que se precie tiene polentas suficientes para coger de los huevos a cualquier gobierno”
Sus palabras fueron respaldadas por una basta generación de jóvenes militares que, debido a la excesiva diplomacia en Sudamérica, pasaban sus carreras como empleados de cualquier funcionario inútil (los más afortunados) El apoyo popular llegó gracias a la hábil campaña promovida desde el Ministerio de Cultura, la idea de “golpear primero” caló hondo en la consciencia de la gente siempre acostumbrada al empate, cuando mucho. Con todo esto, el gobierno no tuvo otra que apoyar la demencial furia de Manuelón Ramírez. Pero a pesar de las bravuconadas incitadoras y el apoyo popular nos volvieron a pegar primero.
“Bolivianos de mierda, segunda vez que nos traicionan” Dijo enfurecido el Ministro al enterarse de la incursión del ejército gaucho a través del país del altiplano. “en la Guerra del Pacífico nos dejan solos, ahora nos venden por una salida al mar, carajo, creí que ya se habían resignado” se tuvo que reposicionar rápidamente a las tropas peruanas que, por inercia, hacían guardia en la frontera con Chile.
Fueron dos semanas de enfrentamientos antes que USA interviniera. La Unión Sudamericana convocó a todos los presidentes afiliados para tratar de hallar una salida pacífica; sin embargo, esto no evitó que la cumbre de emergencia fuese utilizada para sacar a la luz algunas heridas pendientes. Cuando el presidente brasileño increpó a su homólogo boliviano por su participación en el conflicto llamándole tramposo, éste respondió a la afrenta recordándole que una orquesta de lambada, decenios atrás, había robado una canción folklórica de los Kjarkas para transmutarla en un éxito bailable, sin pagar regalías. “¿cuál pueblo es más tramposo, señor Herraez?” Las risas solo pudieron ser contenidas tras una enérgica reprimenda del Secretario General. Restaurada la calma, hizo llamar al joven Barrueto para que presente su alegato.
“Es cierto, distinguidos Mandatarios, que mi participación en la campaña publicitaria para apoyar el conflicto armado fue constante pero deben saber que lo hice movido tan solo por las amenazas que recibía del Ministro Ramírez cada vez que objetaba sus peticiones para dar conciertos panfletarios y hacer temas burlándome de Charly García. Reafirmo además que mis declaraciones sobre el caso de la piscina se basaron en una historia contada por mi tío Fortunato Chávez que, como consta en los registros, falleció hace diez años; estoy dispuesto a presentar las disculpas necesarias y colaborar en el proceso abierto contra Manuelón Ramírez, todo con tal de reinstaurar las buenas relaciones entre pueblos hermanos”
En el cementerio de Recoleta, varios jóvenes que se autodenominan Los ángeles de Charly, hacen vigilia ante la tumba de su ídolo. Algunas veces he soñado que me lo encuentro cara a cara y me da las gracias por extender su leyenda unos cuantos siglos más. De nada, le contesto. Aunque yo siempre preferí a Calamaro.